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'Las niñas' gana el Goya 2021 a la mejor película en una gala marcada por la sobriedad y el COVID

La pandemia del COVID y las medidas sanitarias que nos ayudan a capearla han obligado a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España a reinventar por completo su clásica entrega de premios. Aunque el formato de gala semitelemática ya lo habían estrenado los Globos de Oro y los Emmy, a los Goya le ha salido bastante mejor, todo hay que decirlo. Si el año pasado nos quejábamos de una ceremonia sin emoción ni ritmo y que para colmo duró cuatro horas, la edición número 35 presentada por Antonio Banderas y María Casado se ha ventilado la entrega completa en dos horas y media, en una noche, eso sí, marcada por el coronavirus y la sobriedad, alejándose de la parodia, a veces involuntaria, en la que llevaba cayendo varios años.

Hasta el teatro Soho CaixaBank de Málaga solo han podido desplazarse ambos presentadores, las cuatro cantantes que actuaban en la gala y las personas encargadas de entregar los premios. Este año solo hemos visto un cabezón, el de Ángela Molina, Goya de honor 2021 que ha dado un discurso muy sentido y personal. El resto de ganadores y ganadoras se han conectado telemáticamente desde sus domicilios, habitaciones de hotel o casas rurales, y sorprendentemente no ha habido prácticamente ningún problema de conexión ni sonido que lastrasen la realización. Y eso que eran 166.



Vivimos un presente en el que demasiadas veces al día pensamos "qué mundo más extraño es este", un presente que parecía una distopía en la que no podemos tocarnos, besarnos, bailar en una discoteca o compartir siquiera un bol de palomitas. Banderas pidió, casi al principio de la noche, un minuto de silencio por las víctimas, y es que en el 2020 la vida de todos y todas ha estado marcado por la enfermedad, el confinamiento, el miedo y en demasiadas ocasiones la muerte. La industria ha sufrido como si se tratase de un tifón las fuertes consecuencias de tener las salas de cine cerradas, de la falta de estrenos y los parones en la producción de series y películas durante tanto, tanto tiempo. La noche de los Goya es la noche de celebrar nuestro cine y nuestra cultura, pero aunque el cuerpo te pida fiesta, fiesta no le puedes dar y la organización ha optado por prescindir del humor, del exceso de actuaciones y de la improvisación de los entregadores, que apenas se han salido del guión para recordar a las personas que ya no están o que todavía se encuentran ingresadas, como Jordi Sánchez, que se recupera en el hospital tras contagiarse de coronavirus.

Es más, el gran honor de entregar el premio a la mejor película este año ha recaído sobre la enfermera Ana María Ruiz, la mujer que impulsó la biblioteca de IFEMA y que ha representado a todos los sanitarios y sanitarias que nos han salvado la vida, a veces a costa de la suya propia, durante la pandemia, y que todavía siguen haciéndolo. Su simple salida al escenario ya ha sido automáticamente lo más emotivo de la noche, y tampoco le ha hecho falta dar un discurso de culpa o miedo, si no más bien de esperanza, ilusión y agradecimiento, a su sector y al de la cultura y el entretenimiento: "La compañía y el consuelo suele tener un poder especial cuando proviene, en definitiva, de la cultura".

Al impresionante escenario del Teatro Soho, capaz de conectarnos a la vez con 166 profesionales nominados, subían los entregadores en grupos de dos, tres o cuatro personas que iban, sin mediar casi interacción, entregando categoría tras categoría en una gala muy ligera que parece haber escuchado las quejas de tanta gente, tantos años, en las redes sociales. Además, con las conexiones inmediatas por Zoom nos hemos ahorrado los tiempos en subir al escenario, tras los abrazos y los besos y la incómoda música para acabar los discursos. La gente ha sido rápida, directa, a veces incluso demasiado sobria, pero el formato ha funcionado sorprendentemente bien y ha permitido a los premiados compartir el foco con sus personas queridas, como la primera triunfadora de la noche, Nerea Torrijos, premio al mejor diseño de vestuario por 'Akelarre' que lo compartía con su pareja; Mikel Serrano (mejor dirección artística) con su incómodo marido o Nathalie Poza que ha celebrado su victoria junto a Carmen Machi y Carolina Yuste sus compañeras en la obra de teatro 'Prostitución'. La realización podía además pinchar desde sus diferentes localizaciones al resto de miembros de cada producción, para que que pudiesen así compartir su orgullo y celebración.

Pero es que, recibir el premio desde casa tampoco le ha quitado la ilusión a más de uno y Adam Nourou que ha ganado por 'Adú' y Mario Casas por 'No matarás' lo han celebrado como si no hubiese un mañana. Casas, que se ha acordado en su discurso de 'Tres metros sobre el cielo', probablemente su película más conocida y por la que tanta gente guarda tantos prejuicios contra él, ha participado en los últimos años en proyectos tan diferentes pero intensos como 'El practicante', 'Hogar', 'Adiós', 'El fotógrafo de Mauthausen' o 'Bajo la piel de lobo', como si necesitase demostrar más que los demás que es un actor serio y comprometido con su profesión. Y aunque lo tenía difícil, por fin la Academia le ha ascendido oficialmente de la categoría de ídolo adolescente en una de las sorpresas más bonitas de la noche. De todos modos, el que probablemente mejor ha entendido el potencial de una gala virtual ha sido Sergi López, nominado por 'La boda de Rosa', que recibía a las cámaras con una boa de plumas rosa y ha gritado tongo al premio de Alberto San Juan como mejor actor de reparto por 'Sentimental', muy en la onda de Bill Murray y su martini en los Globos de Oro.


Las actuaciones de la gala han caído sobre los hombros de cuatro artistas femeninas: Vanesa Martín, Aitana, Nathy Peluso y Diana Navarro, aunque también ha salido al escenario Carlos Latre, vestido de Pepe Isbert en el papel de Don Pablo, el alcalde de 'Bienvenido Míster Marshall' en homenaje a Luis García Berlanga. Sin aplausos del público y ante la ausencia de músicos/as o bailarines/as, las cuatro cantantes solo contaban con ellas mismas para llenar la pantalla, y no han necesitado más.

Por primera vez en sus 35 años de historia, los Premios Goya tenían entre sus nominados un 41% de mujeres, dando un paso más para alcanzar quizá algún día la paridad real. De hecho, en las dos categorías de dirección la cosa estaba perfectamente equilibrada con dos hombres y dos mujeres nominados, llevándose la estatuilla a casa Pilar Palomero en dirección novel por 'Las niñas' y Salvador Calvo por 'Adú'. La que ha hecho historia ha sido Daniela Cajias, Goya 2021 a la mejor dirección de fotografía, y no solo por ser la primera en ganarlo en solitario, es que ha sido la primera mujer en estar nominada ella sola en esta categoría. Este avance en la igualdad puede verse como una cuestión puntual, puede interpretarse como un cambio en los tiempos y hasta como un movimiento progre de lavado de cara, pero sería olvidar que desde el año pasado da puntos de cara a solicitar las subvenciones del ICAA el tener equipos paritarios y mujeres en puestos de responsabilidad. Es decir, dar oportunidades a quienes durante tanto tiempo han estado silenciadas da sus frutos, frutos de calidad.

Quizá una de las cosas que ha quedado más extraña y fuera de lugar han sido las intervenciones de las celebrities de Hollywood apoyando la producción del cine español. Antonio Banderas ha sacado una agenda de contactos que sería la envidia de David Summers en aquella canción de Hombres G, y en la gala han intervenido desde Robert De Niro a Margot Robbie pasando por Tom Cruise, Al Pacino, Dustin Hoffman, Sylvester Stallone y un largo etc. Bueno y luego está Barbra Streisand, que directamente ha mandado un audio de WhatsApp. Este año el In memorian, quizá más largo y con más rostros jóvenes que otros años, ha estado acompañado por la voz de Vanesa Martín y una preciosa versión de 'Una nube blanca' de Lluís Llach y Ana Belén sobre un escenario de árboles y luces.

En la gala número 35 de los Premios Goya todo podía haber salido mal y sin embargo no ha fallado nada, o casi nada. Ha sido diferente y muy templada, pero también quizá la más innovadora y emotiva sin recrearse de los últimos años. En 2020 las videollamadas nos unieron con el resto del mundo cuando no podíamos salir de casa y hoy nos han abierto una ventana más íntima y personal a la alegría de nuestro cine, y es que desde sus hogares hasta las lágrimas y celebraciones parecían más auténticas, libres probablemente del corsé de la ceremoniosidad y la presión de un escenario. Otra cosa muy tonta y a la vez bonita era escuchar las constantes notificaciones de los premiados cuando olvidaban cerrar el chat y saber que no paraban de llegarles mensajes de felicitaciones.

Fte: ecartelera